Isabel Rubiera se centra en un paisaje rumoroso donde el viento, o la brisa, acompaña la dinámica de una naturaleza cambiante, interpretada según razón y corazón. Son lugares abiertos a el mar cantábrico o interiores, también exteriores, donde los latidos van a compas; descripción y trasuntos de memoria, con dibujos y tonos hechos lengua. En esta exposición de Gonmar los cuadros de Rubiera encajan en un realismo expresivo que admite cualquier licencia, por que la artista va de lo real a lo subjetivo y con ello consigue espacios de indudable atractivo.
El Punto de las Artes, Madrid 1993 |