Las marinas están singularmente elaboradas, y en todas se alían, claramente,las dos partes que relacionan el cielo con el oleaje, en función de un binomio interdependiente que hace convivir ambas parcelas del cuadro. Los cielos dependen de blancos en los que la paleta ha integrado otros tonos, mientras que en las olas existe también la dualidad de, asimismo, la blancura para la espuma, compartida con el resto del oleaje, en el que pulúlan colores violáceos, sutíles naranjas, azul cobalto y amarillos, propios para las transparencias. Isabel Rubiera suele comenzar sus cuadros por medio de tonos oscuros para, a través de las emulsionadas sombras, buscar la coordinación de los fundidos. Con afición y reiteración logra unas marinas poseidas de eficacia. Luciano Castañón Mayo 1986 |